Por Fernanda «Feña» Lagos
La Exploradora Sensorial • Terra Australis Journal
La semana pasada, mi teléfono me notificó que mi tiempo en pantalla había subido un 15%. Entre correos, scroll infinito en redes y videollamadas, sentí que mi cerebro estaba en un bucle de estática, como una radio mal sintonizada.
¿La solución? No fue borrar las apps, ni tirar el teléfono al río. Fue cargar la mochila y buscar la única «red» que nunca se cae: el bosque templado del sur.
El «Modo Avión» es un estado mental
Hay un momento mágico cuando entras a un sendero tupido —digamos, en un parque cerca de Valdivia o en los alrededores de Cochamó— donde la señal de 4G desaparece. Al principio te da ansiedad. A los 10 minutos, te das cuenta de que nada urgente va a pasar. Y a los 20 minutos, empiezas a escuchar de verdad.
Mucha gente me pregunta por qué a veces llevo mis earpods blancos en las fotos. «¿No vas al bosque a escuchar los pájaros?». Sí, y me encanta. Pero para mí, la tecnología no es el enemigo, es una herramienta. A veces, poner una playlist instrumental suave o un podcast de meditación durante los primeros kilómetros me ayuda a bajar las revoluciones de la ciudad para poder entrar en la frecuencia del bosque. Es mi transición. Luego, me los quito y dejo que el sonido del viento en las hojas de los coigües haga el resto.
Equiparse para disfrutar, no para sufrir
He aprendido a la mala que si estás incómoda, no puedes conectar. No puedes tener una revelación espiritual si te duelen los pies o si tienes la espalda empapada. Por eso mi filosofía es «ligero y con onda».
Para esta salida elegí mi configuración favorita de día:
- A mis pies: Mis zapatillas Salomon de caña media. En los bosques del sur, el suelo siempre es una mezcla traicionera de raíces húmedas y barro. Necesitas agarre, pero no quieres sentir que llevas ladrillos en los pies.
- En la espalda: Mi mochila Doite azul opaco. Es ligera, técnica, pero sin parecer que voy a la guerra. Cabe lo justo: agua, un snack, y una capa extra. Menos peso = más energía para mirar hacia arriba.
- El toque personal: Mi gorra Wild Lama con el parche del Huemul. Más allá de que me encante el diseño y la marca (tienen una vibra sustentable genial), el huemul me recuerda ser sigilosa y respetar a los habitantes reales de este lugar.
🎒 Nota de Expedición: El calzado para este terreno
Zapatillas de Trekking Salomon X Ultra 4 GORE-TEX
Como comenta Feña en la crónica, las raíces húmedas y el barro del bosque templado no perdonan. La membrana GORE-TEX impermeable combinada con la suela Contagrip de agarre multidireccional ofrece la estabilidad de una bota con la ligereza de una zapatilla de trail.
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El baño de bosque
Los japoneses lo llaman Shinrin-yoku (baño de bosque). No se trata de contar pasos ni de llegar a la cumbre más rápido para la selfie. Se trata de dejar que la luz del sol, esa que se filtra dorada entre las ramas a las 5 de la tarde, toque tu piel. Se trata de respirar los fitoncidas que liberan los árboles y que, científicamente, bajan el cortisol (la hormona del estrés).
Ayer, parada en medio de un claro, con mi camisa de franela atada a la cintura porque ya había entrado en calor, sentí cómo mi «batería interna» pasaba del 10% al 100%.
«Si te sientes quemado, agobiado o simplemente ‘con mucha estática’ mental, haz la prueba. Ponte unas zapatillas cómodas, agarra tu mochila y ve a perder la señal un rato. Te prometo que vas a encontrar algo mucho más importante.»